martes, agosto 08, 2006

No llegaremos nunca a Macondo

Me entristece pensar que la desidia electoral de los habitantes de Aratacama, en Colombia, nos impide a los habitantes de nuestro planeta poseer un lugar llamado Macondo.
A los que amamos a Gabo, a pesar de sus incongruencias personales, de su izquierdismo de vía estrecha y anchas tragaderas con el asesino Fidel, nos hubiera llenado de gozo que en su ciudad natal, sus pobladores se hubieran tomado la molestia de ir a votar para decidir añadir el nombre de la mítica Macondo a al Aratacama original.

Pero nada, no han querido mover sus culos ociosos, o quizás el referendum ha coincidido con algún partido de fútbol, o a los mejor la culpa es de ese viento maluco que sopla de lo alto, o ese calor que hace cocer en su jugo hasta las mentes les ha postrado en su cura de burro contra la miseria que les envuelve.

De los 22 mil que podían votar, solo han ido 3 mil y se necesitan al menos 7 mil para que fuera válido.

Malos tiempos para la democracia. Parece que nos hemos cansado de votar. En España, después de meses de aburrida y ficticia estuteltez con los catalanes y sobre los catalanes, éstos deciden que para que van a ir a votar. Quizás para agradecer a Zapatero el inmeso desgaste que ha sufrido por esa idiotez del Estatut, o para compensar a los millones de españoles que hemos creído que cada cual debe hacer de su capa un estatut. O simplemente porque hay que votar. Que es necesario.

Yo he votado siempre, desde que tengo 18 años, esperé ansioso ese momento, y desde entonces he participado en todas las elecciones, generales, municipales, europeas, autonómicas, comarcales, vecinales, referendum sobre OTAN, sobre la constitución europea. He votado SIEMPRE.

Quizás porque si algo recuerdo de mi abuelo, poco porque muríó cuando tenía yo seis años, era la inmesa nostalgia de republicano represaliado que sentía por ir a votar.

Pero eso se ha perdido al parecer, todo es fácil, todo es sencillo. No me interesa, no puedo, no quiero. Que más me da que gane Pepe que José, que se apruebe o no un estatut, que podamos colocar al mágico/mítico Macondo en el mapa.

Hoy, siento un poco menos de respeto por los colombianos en general, y por los 19 mil habitantes de Aratacama en particular que no quisieron perder un segundo de sus vidas en ir a votar para poner a Macondo en el mapa.

Un mal día para la utopía...

1 Comments:

Blogger Tamara said...

Ante noticias como ésta, siempre me viene a la mente una frase que Ingrid Bergman le dijo a Humphrey en Casablanca. Ellos dos, la ventana y al fondo los nazis entrando en París. "El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos".
Siempre nos quedará la literatura.

17:43  

Publicar un comentario en la entrada

<< Home